Tu puente y quien sabe que más…

En la tristeza de la interminable mediocridad que nos ahoga por todos lados, me consuela que en algún lugar, en alguna habitación pequeña, algunos obstinados luchan por eliminar el desgaste.

En algunos casos se trata de la verdadera mayoría compuesta por gigantescos contingentes de la ilustre gente anónima que esgrime una sonrisa frente a la obviedad y continua con sus vidas  para evitar hacer de estas un ensayo para el cementerio.

En otros se trata de pelear a la contra. Nada a contracorriente. Asumir que los ombligos son todos horribles y que por lo tanto no hay nada original en organizar seminarios de estos. En fin. La guerrilla de iconoclastas que se niegan al pensamiento y risa única y optan por la mirada del desconsuelo que significa ver en cámara lenta el fracaso de la especie que aun sigue creyendo que vivir y gobernar es como administrar Disneylandia.

Y también se encuentran quienes buscan la profundidad de las cosas; hasta allí nunca logra descender la ironía. Y que concientes que es más contagiosa la mediocridad que el talento se resisten a la obviedad de quienes no tienen mas talento o estupidez acumulada que la media. Resisten a esa fracción minoritaria de la humanidad que más allá de sufrir un síndrome de Diógenes con el dinero carecen de cualquier atributo que los coloque en la historia adquieren juguetes. Resistir a los mediocres debe ser considerado un acto constante en la historia de la humanidad. A la par de la prostitución y mercado. Y asi como las putas llegan a ti por mensajeria instantánea. O el mercado es un peligroso y sensible pantano que se compone a partes iguale de sangre y sueños cuantificados al mejor postor. Resistir a la mediocridad se ha vuelto un acto de alta creatividad y sensible sentido común.

En 10 días más cada una de las personas que componen el territorio nacional tendrán la oportunidad de demostrar que tienen memoria o que al menos han madurado algo en los últimos años. En 10 días más pondremos por segunda vez a prueba nuestra capacidad de asombro y ese estorbo llamado memoria de corto o mediano plazo. En 10 más hay que pensar y recordar que el mejor censo de la historia fue un rotundo fracaso. Recordar puentes que desafiaban cualquier lógica para su funcionamiento. Recordar los innumerables chascarros nacionales e internacionales que redefinieron el concepto vergüenza ajena. Y recordar que su herencia se vive hasta el día de hoy a diferencia de Pinochet que dejo un reguero de horrores y atrocidades que aun nos paran los pelos de la nuca, la herencia de Piñera es la mediocridad convertida en un chiste sin gracia. Es una obra que de manera peligrosa parece inconclusa. Como el puente Treng Treng y Kay Kay. Un juguete de 46 mil millones de pesos. Una herencia difícil de esconder o reducir. Quizás Piñera y todos nosotros nos dedicamos 4 años a jugar con el otro. Él con sus estupideces más incomodas y nosotros marchando, protestando, sacando toda la rabia que la eterna transición chilena nos dejo como sucedáneo de un bostezo de lo políticamente correcto cuando se fue en marzo del 2014 dijimos nunca más.

Estamos a 10 días de todo lo contrario.

En una región donde los vacíos estructurales que genera el modelo chileno son evidentes en infraestructura de salud, educación y comunitaria. 46 mil millones de pesos no es una broma. No es un error. No es una idioticosa. Es el claro síntoma que lo que importa es el monto y no la ejecución. Y actuando con honestidad, la disciplina de los prepucios restregados en nuestros globos oculares surte efecto. Perdemos nuestra capacidad de asombro y naturalizamos la mediocridad y estupidez de un millonario que festina con su discurso de éxito, superioridad y chauvinismo. Y lo hacemos no por temor. Ni por disciplina. Lo hacemos porque nos parece normal que 46 mil millones de pesos sean destruidos en un ejercicio de desarrollo sin progreso. Nos termina parecer normal que haga lo que quiera. Nos parece natural que nos den motivos para burlarnos con bromas cada vez más fomes y consecuencias cada vez más desgraciadas.

Estamos a 10 días de evitar que los puentes Cau cau y Treng Treng y Kay Kay se multipliquen como memes.

Cierto escritor alemán de fama universal al analizar un golpe de estado en Francia, escribió: que en la historia los actos se repiten dos veces. La primera como tragedia y la segunda como comedia.

En 10 días esperemos no tener el privilegio de conocer la comedia de un segundo gobierno de quien nos hereda como región un inútil juguete de 46 mil millones de pesos. De otra forma… a lavarnos los ojos. Una vez más.

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